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La Gráfica del Movimiento Estudiantil de 1968 en México: Una aproximación desde la Historia del Arte

  • Centro de Cultura Casa Lamm
  • 4 sept 2015
  • 3 Min. de lectura

http://www.casalamm.com.mx/tesis/licenciatura_en_historia_del_arte/erika_calvino_ramirez.pdf

En esta tesis de licenciatura se plantea realizar un estudio de la gráfica del 68 a partir del método iconológico de Erwin Panofsky que consta de tres pasos a seguir:

1. Análisis preiconográfico: analiza la obra dentro del campo estilístico

ubicándola en el periodo artístico que el tratamiento de sus formas

indiquen.

2. Análisis iconográfico: analiza los elementos que acompañan a la obra, sus

diferentes atributos o características, siguiendo los preceptos que este

método impone.

3. Análisis iconológico: analiza la obra en su contexto cultural intentando

comprender su significado en el momento en que se ejecutó.

A partir de este método, se deduce que la gráfica posee características de la tradición mexicana heredada del Taller de Gráfica Popular (TGP), fundado en 1937 por Leopoldo Méndez, Pablo O´Higgins, Luis Arenal y Alfredo Zalce, con fundamentos originados a partir de la Revolución de 1910. Su trabajo, inspirado en Posada y los muralistas, se concentró hacer de la gráfica un arma de combate que los artistas comprometidos con las causas populares plantarían en manos del pueblo y sus principios, rescatando así el grabado como medio de expresión y lucha. Haciendo uso de materiales de bajo costo, principalmente el linóleo, dieron una rápida respuesta a la demanda de imágenes.

Más tarde surgió, en 1961, el grupo Nueva Presencia con Arnold Belkin y

Francisco Icaza como principales impulsores y cuya producción estuvo

relacionada con los acontecimientos sociales, por ejemplo, los actos de represión

ejercidos durante los gobiernos de Adolfo Ruiz Cortines (1952-1958) y Adolfo

López Mateos (1958-1964) contra los movimientos ferrocarrilero y magisterial,

así como el asesinato del líder campesino Rubén Jaramillo y su familia.

Durante el siglo XX, varios países de América Latina como Argentina,

Chile y Uruguay atestiguaron el surgimiento de movimientos artísticos en las

calles cuyas expresiones estan relacionadas con acciones de protesta contra las

dictaduras, la represión, la guerra, o demandas a favor de la lucha por los

derechos laborales, civiles y humanos, o la libertad.

El lenguaje de la gráfica tiene un carácter didáctico – popular que se

caracteriza por el empleo de formas figurativas y composiciones sencillas, claras,

para expresar temas políticos, sociales o de denuncia; colores llamativos y en la

mayoría de los casos acompañado de un breve texto, por lo general alguna

consigna como paz, victoria, libertad. La labor gráfica de los estudiantes buscaba

elaborar imágenes claras y aprovechables para la causa.

Las imágenes del Estado fueron principalmente del presidente Gustavo

Díaz Ordaz, caricaturizado la mayoría de las veces como un perro, un buitre o un

simio; el cuertpo de granaderos, presentados peyorativamente como gorilas,

relacionándolos así con la brutalidad y la fuerza, al aparecer también

acompañados de tanques militares, bayonetas, macanas, etc.

En contraposición, aparecieron los retratos de Ernesto Ché Guevara y

frases como “Hasta la victoria siempre” y “Esta humanidad ha dicho basta”; y el

de Demetrio Vallejo, encarcelado tras encabezar los paros ferrocarrileros de

1958. Ambos líderes revolucionarios inspiraron la lucha y sus efigies se

convirtieron en estandartes de la resistencia, la libertad y la lucha por la justicia.

El cartel fue el principal soporte gráfico que se hizo visible, siempre con una imagen que reflejara el acontecer de los hechos.

Después de 1968, el arte urbano cobró tal impacto que terminó por

reemplazar al muralismo como discurso público y se convirtió en medio de

expresión.

 
 
 

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