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La estética en las barricadas: Mayo del 68 y la creación artística

Patricia Badenas Salazar. Publicacions de la Universitat Jaume I, D.L. 2006

https://books.google.com.co/books?id=3WkeuzHi1uYC&printsec=frontcover&source=gbs_ge_summary_r&cad=0#v=onepage&q&f=false

 

El movimiento estudiantil de mayo de 1968 en París, Francia, fue otro de los grandes acontecimientos políticos-culturales que tuvieron lugar en la década del los 60’s bajo un clima de tensión mundial referido a los recientes catástrofes de la Segunda Guerra Mundial y la Guerra en Vietnam.

Una vez más los jóvenes, estudiantes que se encuentran en plena formación de ideales, opiniones y acciones ante su entorno en que se desarrollan, preocupados por un futuro incierto sin oportunidades de crecimiento personal y profesional, preocupados por las injusticias de sus gobernantes corruptos, por la censura de la información, etc., fueron los protagonistas de un movimiento de protesta que logró congregar a diversos sectores de la sociedad en una unidad que tenía la esperanza de un cambio en su país. 

Como todo movimiento artístico, consecuente de un contexto social, fue influenciado de corrientes artísticas anteriores; además de la plástica de los carteles polacos que vivían un gran auge, la Internacional Situacionista también tuvo gran influencia, sobre todo en el uso de juegos de palabras. Éste fue un movimiento artístico que surgió en 1957 en Cosio d’Arroscia, Italia, con claras ideas críticas y radicales que lo llevaron a ser un movimiento revolucionario. (Badenes: 2006, pág. 123-124).

En 1960 apareció el Manifeste du Nouveau Réalisme, en el que se sentaba el interés por la naturaleza moderna de las fábricas, de las ciudades, de la publicidad, de la técnicas, de los mass media, etc. La cuestión se centraba en tratar al objeto común integrándolo al mundo del arte, es decir, derribar las barreras entre lo real y lo artístico. (Badenes: 2006, pág. 253-254).

Estudiantes universitarios de artes y diseño, formaron talleres para la producción de gráfica que ayudara a movilizar el movimiento a través de mensajes claros, persuasivos y convincentes. Se puede distinguir cuatro tipos de mensajes: los que exponían la unidad y fuerza de los sectores que participaban en la lucha, constituían una forma de reconocer el apoyo y de reiterar la pertenencia o identificación dentro del movimiento; los carteles que tenían una acción denunciante de acontecimientos violentos o represivos que sucedían en el momento, éstos hacían frente a la limitación de la información que se otorgaba en los medios masivos; otra parte importante del cartelismo era dirigido a las burlas (que de por sí eran plasmadas con lenguaje sarcástico o metafórico) hacia el presidente Charles de Gaulle o a su cuerpo policial, de manera que ponían en evidencia sus actos violentos y corruptos; finalmente se identifica una cuarta variante en la que los carteles eran convocatorias a los eventos que se realizaban para dar continuidad al movimiento (manifestaciones, asambleas, debates, proyecciones etc.).

Los carteles nunca tuvieron un autor individual, la total confección fue un acto colectivo y democrático que se sometía a debate en asambleas realizadas por los talleres. La producción se determino como todo movimiento contestatario, en las bajas posibilidades económicas y de tiempo; los principales medios que se usaron fueron la litografía y la serigrafía principalmente, con materiales baratos como el papel periódico y el papel kraft. Además, como el propósito no era consolidar un estilo artístico propio de artistas, sino crear un medio de comunicación en beneficio de la lucha; las técnicas de producción de la gráfica se extendieron a todos los sectores posibles, los estudiantes resolvieron distribuir una octavilla en la que se explicaba como reproducir el cartel serigrafiado, impulsaban la creación de nuevos talleres populares con el fin último de extender la revolución a todos los sectores de la sociedad e incitar a la unidad de todos los implicados en la lucha. (Badenes: 2006, pág. 283).

La producción gráfica fue totalmente crítica, la palabra asumió el protagonismo del movimiento y con ella junto a la imagen se proyectaba la posición en contra a los excesos del consumismo desmesurado y el rechazo al coleccionismo artístico; en cambio, defendían un arte en contacto con la vida cotidiana, accesible al ser humano común y corriente. Esto lo conseguían usando dibujos de objetos comunes que llegaron a constituirse como símbolos que proyectaban el sentido esencial de su lucha, por ejemplo: herramientas como el martillo, llave, engranes, etc. que remetían a la lucha en las fábricas; las imágenes eran sencillas y totalmente icónicas, alejándose de los estilos abstractos que no respondieran a la rapidez en que se efectuaban los hilos comunicativos.

Pierre Restany (Teórico del manifiesto) decía: “El arte abstracto rechazaba el mundo real en beneficio del universo interiorizado de una conciencia individual: a este arte de evasión ha sucedido un arte de participación. La vanguardia actual es optimista y realista, el artista tiende a reintegrar al cuerpo social. En el mundo automatizado de mañana, el problema capital será la utilización del tiempo libre. El artista aparecerá a partir de entonces no como un paria o un rebelde, sino como el ingeniero o el poeta de nuestras distracciones. [...] Su perfecta integración en lo real constituye un primer paso hacia la estética colectiva y la socialización del arte, preámbulo necesario para un humanismo nuevo. (Citado en Bompuis, 1996:286).

El arte del mayo del 68, no sólo fue un medio de comunicación entre las figuras del contexto que llevó al triunfo de la protesta, no sólo fue un testimonio de un hecho histórico revolucionario; sino que también en términos artísticos, se logró terminar con una educación artística oficial centralizada y académica. (Badenes: 2006, pág. 274).

 

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